Carta a un maltratador

Les hablo a los maltratadores: ya que hoy me miro en el espejo que ellos se miran. Lo primero que les falta es la paciencia.

Paciencia para entender las cosas de la vida misma, se enfadan por cosas insignificantes, las cuales no tienen más valor que el que les quieran dar.

Si controlaran esa paciencia y se pusieran a escuchar a los que les quieren y desean ayudarles, comenzarían a comprender el porqué de tantos malos tratos que acarrean después. Son sordos.

Sí, son sordos por naturaleza, ya que caen nuestras palabras en vacío. Partiendo de esto se podría trabajar muchísimo con el maltratador y les ayudarían a encontrar otros caminos a seguir y entrarían en la etapa de la comprensión, ya que si le hiciéramos comprender los hechos sucedidos ganaríamos la batalla al maltrato con la única palabra que tiene poder para cambiar... el amor. El amor del matrimonio, el cual ellos destruyen con su fuerza y violencia, la verdad es que ya no sé que pensar: si sois enfermos o sois personas que no tenéis capacidad para confiar en la familia, todo esto ¡me confunde! y no sé qué pensar.

¡Sí!, digo, siendo mujer maltratada, ellos necesitan tanta ayuda como las mujeres que somos víctimas, ya que de esa forma salvaríamos a familias enteras. No digo que nos amen, o que no nos amen, pero sí digo que no saben amar. Por desgracia, por lo que me ha tocado padecer y con ese derecho, me dirijo a ellos y les pregunto a sus conciencias: ¿Cómo te sentirías si fueras golpeado por tu mujer, si fueras insultado por ella, humillado, amenazado de muerte y golpeado hasta la saciedad?

En mi experiencia he descubierto que eso no lo quieren hacer, pero no han aprendido a no hacerlo y luego pagan su precio (el suicidio, la prisión, otros el abandono de sus seres queridos, el dolor de la soledad..., etcétera). Las imágenes del daño que producen quedan borradas y calladas para no escuchar sus conciencias, se ponen una máscara ante la sociedad, para sentirse bien ellos no se sienten "culpables de nada" pues, si no, no podrían vivir, en esa etapa se conforman diciéndose que ellos no son tan malos, que los que no los entienden son sus mujeres e hijos. Yo te digo a ti que un día prometiste amor eterno: mírate en el espejo y di a ti mismo: ¡Es de ser hombres abrir los ojos y ver el daño que he cometido y di con valentía soy un maltratador y quiero dejar de serlo, voy a pedir perdón y ayuda...! Al paso del tiempo, cuando esto lo hagas todos los días y conozcas la verdad de tus errores, podrás decir a tu esposa: amo a mi familia y nunca os haré daño, escucharé todo lo que os moleste de mí, mis malas formas, mis insultos, mis vicios, mis golpes. Y cuando hasta la saciedad pidas perdón, yo te digo que encontrarás a tu familia y conocerás y sentirás el amor que hay en ella...

¡No la destruyas más... basta! Te lo ruega una esposa y madre maltratada. Ayúdate y ayudarás.

Asociación Sembrando Esperanza. Asociación contra la ansiedad y la depresión

Córdoba